4.2. Distracciones

Es fundamental evitar cualquier causa de distracción durante la conducción. ya que la falta o escasez de atención que conlleva interviene en casi la tercera parte de los accidentes viales.

¿Qué pasa cuando conducimos normalmente?

La mirada se centra en la carretera, a la vez que se distribuye entre elementos periféricos, espejos y velocímetro.

¿Qué pasa cuando conducimos y nos hablan?

La mirada está más concentrada en la carretera y se reduce moderadamente la exploración de la periferia, espejos y velocímetro.

¿Qué pasa cuando conducimos y pensamos?

La mirada se concentra drásticamente a la vez que se reduce la inspección de espejos y velocímetro.

 

Conducir cuando se está cansado y somnoliento supone un elevado riesgo, no sólo porque uno puede finalmente quedarse dormido, sino porque en esa fase previa al sueño no se perciben con suficiente claridad todos los elementos requeridos para su conducción segura, ni se está en condiciones psicofísicas adecuadas de dar respuestas rápidas ante cualquier imprevisto.

Los estados físicos y emocionales alterados, por cualquier causa, tienen una gran influencia en las distracciones. La ingesta de alcohol o drogas reduce la capacidad de atención y altera las percepciones de los conductores, a la vez que deteriora la motricidad e incrementa el tiempo de reacción frente a situaciones imprevistas y, además, suele acompañarse de estado de euforia que les hacen sobrevalorar sus capacidades físicas e intelectuales.

Algunos medicamentos con efectos sobre el sistema nervioso conllevan también riesgos importantes.

 

Muchas de estas causas se pueden evitar realizando las acciones con el vehículo parado y teniendo a mano todo lo necesario (gafas de sol, pañuelos…). Descansa adecuadamente, no comas de forma copiosa, no ingieras alcohol ni drogas y procura no viajar cuando el nivel de vigilancia de la persona es menor (entre las 2 y las 6 de la mañana y entre las 14 y las 16 horas).

Cuando una persona realiza una conducta de riesgo como conductor o peatón, habitualmente la tiene interiorizada, es decir, la realiza de forma inconsciente.

Para evitar la incidencia de las distracciones nuestro esquema debería avanzar de la siguiente forma: la persona ha de comenzar, en primer lugar, a ser consciente poco a poco de esa conducta incorrecta, a continuación se ha de sustituir esa conducta de riesgo por una conducta segura/correcta. AL principio esa nueva conducta correcta se ejecutará de forma plenamente consciente, como todos nuestros aprendizajes, hasta que llegue el momento en el que consigamos interiorizarla (esa conducta correcta), y forme ya parte de nuestro día a día de forma inconsciente.